Una reflexión de lo que es sólo un aspecto del amor de pareja, escrito en primera persona para darle una dimensión más viseral.

Del amor de pareja, sólo una faz de tantas dimensiones que tiene.
Me amas mucho, me lo has dicho de hermosas y variadas maneras mil veces.
Me amas por mi sonrisa, que la sabes segura cada vez que te acercas. Sonrisa que es muy fácil y sale muchas veces sin motivo y siempre que el motivo es perceptible. Sonrisa franca, serena, nerviosa y de todos los colores, que disfrutas por preciosa, blanca, perfecta y generosa siempre contigo.
Me amas porque soy fresca primavera, mis perfumes te envuelven y la luz que radío es como el sol de la mañana que activa y da esperanza. Soy juventud plena con esa magia especial que tiene su arrebatadora y fugaz belleza.
Me amas porque mi cuerpo es perfecto y hermoso. Te gusta pasear en él tus ojos, tus manos, tus ejercicios sexuales y tus fantasías, y que no pocas veces trasciendes atravesando hacia tus propios modelos mentales de lo que es belleza y femeneidad.
Me amas por mi presencia, que no falla llamar la atención en cada cuarto al que irrumpo, las miradas, atenciones y admiraciones por las diferentes dimensiones de mi ser, me hacen notar, ser identificada, admirada y recordada.
Me amas por mis carencias, que estás presto a subvenir, y luego corregir, encausar o enseñarme a superar.
Me amas por mi capacidad de sorprenderme. Te entretiene mi ejercicio de descubrir y disfrutar al mundo. Juegas seguido a medir mis niveles y disfrutas de manera especial mis grandes ojos abiertos llenos de incredulidad ante la entrincada u oportunista trampa que me preparaste para darme o mostrame un pedacito más de mundo.
Me amas porque a través de mí vuelves a descubrir el mundo, y no pocas veces en el ejercicio encuentras dimensiones que habías obviado.
Me amas por mis ganas de vivir, porque están fundadas en cosa más simple, privitiva, sencilla, profunda y final razón, la vida misma.
Me amas porque no sabes qué va a ser lo siguiente que voy a hacer y eso le da diversidad y diversión a tu día.
Me amas porque soy moldeable, capáz de tomar nuevas posturas y costumbres tan rápido que puedo transformarme y a veces mejorar enormemente, convirtiéndome en poco tiempo en un mejor ser.
Me amas por mi potencialidad y me ves muchas veces como un diamante en bruto, un talento al que hay que entrenar y educar. Te encanta mi enorme lista de cosas por hacer en esta vida y te gusta asistirme con tu guía.
Me amas porque tengo esperanza, en todo y en cada cosa, porque soy capáz de creer en las personas, en las palabras, pero sobre todo en tí.
Me amas porque tengo sueños, unos locos y los más, imposibles, ellos te tienen a la expectativa de que tal vez sea yo una de las pocas que pueden lograr enormes maravillas.
Me amas por mis objetivos, de los cuales apruebas las motivaciones y los métodos y que te imaginas un día disfrutar conmigo realizarlos.
Me amas por mi poder, porque a pesar de mis edades he hecho cosas que no tuviste oportunidad de hacer y al compartirlas las vivimos juntos. Y tú, espléndido, te maravillas cuando te doy soluciones que no estaban en tu mundo.
Me amas por mi generosidad para dar, porque doy sin medir consecuencias, sin pensarlo y a veces más allá de mi capacidad, sobre todo cuando tú eres quien recibe, pero disfrutas mucho verme dar a los demás.
Me amas por mi enorme admiración por tí.
Me amas porque encuentro satisfacción en tí.
Me amas porque para mí eres suficiente.
Me amas porque yo te disfruto.
Me amas porque me siento segura contigo y en tí.
Me amas porque tengo necesidad de tí.
Me amas porque yo me siento feliz contigo.
Así eres tú y así es la manera en que me amas. Lo gracioso de esto es que las mismas razones, fundadas en las cualidades de tu ser, que te permiten amarme de esa manera no te permitirían amar así a alguien con tus características.
Tú no te amarías a tí mismo porque no eres sonriente, ni joven, eres otoño, tienes feo el cuerpo y tu piel es horrible. Eres invisible para la mayoría, cosa que has soslayado en algún ámbito construyéndote una posición con tu esfuerzo y trabajo. Eres una caja de datos con los mismos botones de siempre que realizan las mismas funciones, eres sensato y sabes cuáles cosas no pueden hacerse, no tienes sueños reales sino una lista de metas alcanzables y clasificados aparte una lista de deseos imposibles. Tu capacidad de sorprenderte está recortada por tu vasto conocimiento de cómo funciona el mundo y toda tu experiencia no te permite disfrutar cada segundo que es muy propiamente nuevo e inédito porque automáticamente lo relacionas con tus recuerdos. Ocupas mucho de tu tiempo no en descubrir el mundo sino en manipularlo para obtener tus beneficios, usando claro, todo lo que sabes de él y de cómo funciona. Sabes el resultado antes de que suceda, y sabes el motivo profundo que lo provocó. Tus ganas de vivir están encarceladas o tal vez sólo constreñidas en parámetros sociales, costumbres y deberes, igual que tus quehaceres disciplinados por obvios objetivos superiores y a largo plazo. Ya eres un hombre, hecho y derecho, que cambia pocas cosas de su propia vida, lo cual nos da una tasa muy lenta de velocidad de mejora. Tus objetivos tienen siempre la mayor ganancia, el mejor disfrute y al menor precio. Previsor y templado eres experto en matar la esperanza porque sabes perfecto medir la factibilidad. Dada tu historia al andar, tienes tu altar de logros y éxitos que has aprendido a apreciar y no lamentar lo no logrado ni los errores ni las circunstancias de la vida. Conocedor de tí mismo, sabes cuáles son tus fuerzas y capacidades, las cuales confiesas sabiamente como limitadas con tu propia idea de tí mismo y trasgredibles a través de mecanismos conocidos. Tu generosidad es comodina y medida, de las que no causan perjuicios ni arriesgan.
Y me usas para sentir y vivir de manera segura todo lo que no eres pero que un día pudiste ser y aún anhelas.
¿A cambio de qué? ¿En qué inalienable e indispensable intercambio está fundada esta relación, por lo tanto intercambio? ¿Sabes qué obtengo yo de tí? Obviamente lo sabes, pues tienes todo para saberlo, y entonces entiendes el mercantilismo en ello. Y entonces sabes que esto es amor para un hombre, pero nada más lejos que amor en concepción de mujer.